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Jesús Camina Contigo

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Hay días en los que Dios camina justo a tu lado y ni siquiera te das cuenta. Eso fue exactamente lo que les pasó a dos discípulos que, la tarde del primer domingo de resurrección, caminaban hacia un pueblo llamado Emaús, hundidos en tristeza, sin saber que Jesús mismo se había acercado a caminar con ellos.

El dolor que nos ciega

Lucas 24 nos cuenta que dos discípulos, uno de ellos llamado Cleofas, iban camino a Emaús conversando sobre todo lo que había pasado en Jerusalén días atrás. Jesús se les acerca y camina con ellos, pero el texto dice algo que llama la atención:

“Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.” — Lucas 24:16

No es que Jesús se disfrazara. Es que el dolor de los discípulos era tan grande que no podían reconocer lo que tenían enfrente.

Cuando la emoción nos ciega

Toda situación emocional fuerte hace que perdamos claridad. Cuando estamos alegres, ofrecemos cosas que después no podemos cumplir. Cuando estamos enojados con alguien que amamos, decimos cosas que no sentimos. Cuando el dolor nos golpea, dejamos de ver con objetividad lo que está pasando a nuestro alrededor. Los discípulos estaban tristes, el texto mismo lo dice, y esa tristeza no les permitía reconocer a quien caminaba justo a su lado.

La esperanza que se apagó en la cruz

Para entender su tristeza hay que entender lo que esperaban. Los judíos llevaban siglos bajo el yugo de distintos imperios (babilonios, persas, griegos y ahora romanos) y esperaban un Mesías que los liberara políticamente, como lo había hecho Moisés siglos atrás. Por eso Pedro llevaba una espada la noche que arrestaron a Jesús: esperaba una revolución.

“Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel.” — Lucas 24:21

Cuando vieron a Jesús morir en una cruz, esa esperanza pareció morir con Él. Por eso caminaban cabizbajos: no era solo que habían perdido a un maestro, sino que habían perdido la esperanza de una liberación que ya daban por hecha.

Jesús se acerca sin que lo llamemos

Algo que llama la atención del pasaje es que los discípulos no llamaron a Jesús. Ellos simplemente caminaban, y fue Él quien se acercó.

“Y Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos.” — Lucas 24:15

Jesús podría haber estado ocupado con asuntos más grandes. En cambio, decidió acompañar a estos dos discípulos en su dolor. Tu situación, por grande o pequeña que sea, no pasa desapercibida para Él. Jesús camina contigo aunque tú no lo veas, aunque en tu oración le preguntes dónde está.

El poder de la Palabra: un corazón que arde

Biblia abierta con luz de fondo

Sin revelarse todavía, Jesús empieza a explicarles las Escrituras, desde Moisés hasta los profetas, todo lo que hablaba de Él. Ellos no lo reconocían, pero algo pasaba en su interior:

“¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” — Lucas 24:32

Ese es el poder de la Palabra de Dios: despertar la fe incluso antes de que veamos con claridad lo que Dios está haciendo. La fe no nace de ver a Jesús con los ojos, sino de escuchar su Palabra.

Dios nunca duerme, siempre está obrando

El salmista lo describe con una imagen hermosa:

“He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel.” — Salmo 121:4

Dios no se cansa, y por eso no necesita descansar. Mientras tú duermes, mientras tú no ves ni sientes nada, Él sigue obrando. Y lo que Él ha prometido, lo cumplirá, lo veas o no lo veas.

En el momento correcto, Él abre los ojos

Pan casero recién horneado sobre la mesa

Al final de la cena, cuando Jesús parte el pan, los ojos de los discípulos finalmente se abren y lo reconocen. No fue en el momento que ellos querían, sino en el momento que Dios determinó.

El mismo Jesús que resucitó a Lázaro después de cuatro días, que calmó una tormenta que tenía aterrados a pescadores expertos, y que alimentó a más de cinco mil personas con cinco panes y dos peces, es el que camina contigo hoy. No importa la tormenta que estés atravesando: Jesús camina contigo, y aunque tú no lo veas todavía, Él ya está obrando.

Preguntas frecuentes

¿Por qué los discípulos no reconocieron a Jesús en el camino a Emaús?

El texto explica que “sus ojos estaban velados”. No era un disfraz físico, sino que el dolor y la tristeza que sentían por la muerte de Jesús les impedía reconocerlo, tal como cualquier estado emocional fuerte puede nublar lo que tenemos frente a nosotros.

¿Qué significa que “el corazón les ardía” mientras Jesús les hablaba?

Describe la manera en que la Palabra de Dios despierta la fe internamente, incluso antes de que reconozcamos con claridad lo que Dios está haciendo. Es la evidencia de que algo verdadero está tocando el corazón, aunque los ojos todavía no vean.

¿Cómo puedo sentir que Jesús camina conmigo si no lo veo ni lo siento?

La fe no depende de ver o sentir, sino de creer en lo que Dios ha prometido en su Palabra. Así como Dios abrió los ojos de los discípulos en el momento correcto, promete hacerlo también en tu vida. Mientras tanto, la Palabra sigue siendo el lugar donde el corazón puede seguir ardiendo.

Una invitación

Si hoy sientes que caminas en medio de una tormenta y no logras ver a Jesús con claridad, recuerda: Él camina contigo, aunque no lo veas. Te esperamos el próximo domingo — planea tu visita — y explora más predicas en cfecali.com.

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