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Cali · Colombia
Sermón ·

Despertar

Hay palabras que, cuando Dios las pronuncia, cambian el curso de naciones enteras. En el primer episodio de De la Biblia a tu Vida, el pastor Jhonatan Castañeda nos lleva al libro de Esdras para descubrir una de esas palabras: despertó.

Setenta años lejos de casa

Para entender la fuerza de este mensaje hay que entender primero el dolor detrás de él. El pueblo de Israel había abandonado la palabra de Dios, el culto, el pacto — y como consecuencia, Nabucodonosor invadió Judá, destruyó el templo y se llevó cautivos a los mejores de su gente hasta Babilonia. No fue una mudanza voluntaria: fue un desplazamiento forzado, a la fuerza, a otra nación, con otra lengua y otras costumbres.

El pastor trajo una comparación que golpea muy cerca de casa: así como más de 200 familias de Buenos Aires, Cauca, llegaron desplazadas a Cali hace apenas unas semanas por la violencia, el pueblo de Israel tampoco eligió irse — la vida los obligó. Y allá permanecieron setenta años. Si a usted le suman setenta años a su edad ahora mismo, probablemente ni siquiera estaría vivo para regresar. Esa es la dimensión real de la espera.

Dios despierta a un rey que ni siquiera lo conocía

Pero Dios ya había hablado por medio del profeta Jeremías: “Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar.” (Jeremías 29:10). Y Esdras 1 registra el cumplimiento exacto de esa promesa: Dios despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, para que decretara la reconstrucción del templo en Jerusalén.

Lo sorprendente no es solo la orden — es a quién Dios usó para darla. Ciro no era judío. No creía en el Dios de Israel. Era el rey de un imperio pagano, conocido en la historia como Ciro el Grande. Y aun así, Dios despertó su corazón para cumplir una promesa hecha siglos antes a través de Isaías, quien había profetizado por nombre que “Ciro” sería el instrumento para que Jerusalén fuera reedificada (Isaías 44:26-28).

“Dios puede despertar aún a los que no creen en Él. Cuando Él ha dado una promesa, interviene y despierta los corazones.”

Un versículo que solemos citar fuera de contexto

El pastor hizo una pausa importante en Isaías 43:18: “No traigáis a memoria las cosas pasadas… he aquí que yo hago cosa nueva.” Es un versículo que muchos citamos hablando de perdonar el pasado — pero en su contexto original, Dios no le está hablando al pueblo del perdón. Le está recordando cómo los sacó de Egipto con señales y prodigios, para decirles: así como lo hice una vez, lo voy a volver a hacer, de una manera nueva e inesperada. Y así fue: esta vez no hizo falta levantar un ejército ni un caudillo como Moisés — bastó un decreto real. Dios cumple lo que promete, aunque el camino se vea completamente distinto la segunda vez.

No somos nosotros quienes despertamos a la gente — es Dios

Este es quizás el punto más liberador de todo el mensaje: cuando compartimos nuestra fe, no está en nuestras manos “convencer” a nadie. El pastor fue enfático — la evangelización no es una argumentación intelectual para ver quién sabe más o quién le gana el debate al otro. Es simplemente ir y hablar la palabra. El que despierta los corazones es Dios; nosotros solo somos mensajeros. Eso le quita presión a compartir nuestra fe y se la devuelve a donde siempre debió estar: al poder de Dios, no a nuestra elocuencia.

Y añadió una advertencia honesta a la iglesia: hay quienes se les traba la lengua para hablar de Jesús, pero no se les traba nada para el chisme. El llamado de Mateo 28:19 — “vayan y hagan discípulos a todas las naciones” — no es opcional ni delegable a “los que sirven en la iglesia”. Es un mandato para todos.

El mismo llamado, en la vida de un copero

La misma dinámica se repite generaciones después con Nehemías. El pastor explicó algo poco conocido sobre su oficio: un copero era quien probaba primero toda la comida y bebida del rey, precisamente para evitar que lo envenenaran. Era, literalmente, un trabajo de vida o muerte — y por eso mismo, exigía una confianza absoluta entre el copero y el rey.

Cuando el rey Artajerjes notó a Nehemías triste, este le confesó que Jerusalén, la ciudad de sus padres, seguía en ruinas. Dios había despertado su corazón para ir a reconstruirla — y le pidió al rey permiso para partir, sabiendo que no era una licencia de tres días, sino de meses. El rey no solo le dio el permiso: le dio autoridad y los recursos necesarios para la obra. Como bien dijo el pastor, los recursos nunca son un problema para Dios cuando Él tiene un plan.

Al llegar a Jerusalén y encontrar al pueblo desanimado, Nehemías les contó cómo la mano de Dios había estado sobre él — y eso fue lo que los convenció. Respondieron con una frase que hoy es el lema de la iglesia para este año:

“Levantémonos y edifiquemos.”

Una historia de esta misma semana

El pastor compartió un testimonio reciente: una persona del Chocó llegó a la iglesia esta semana en una situación muy compleja, buscando ropa a través del ministerio de ayuda. Mientras se le hablaba de Dios antes de pasarlo a recibir la ayuda, dijo: “Mientras usted habla, yo siento algo en mi corazón. Siento que vine aquí, no fue por ropa, vine por otra cosa.” Al final, entregó su vida a Jesús — sin que nadie tuviera que insistirle o pedírselo dos veces. Dios ya había despertado su corazón; solo hacía falta alguien dispuesto a hablarle.

¿Cuántas personas hay afuera, preguntó el pastor, a quienes Dios ya está despertando — y no hay quien vaya a hablarles porque la iglesia está dormida?

Edificar el reino correcto

El mensaje cierra con una referencia al profeta Hageo: un pueblo que sembraba mucho y cosechaba poco, que comía y no se saciaba, que ganaba un salario que nunca alcanzaba — porque construían casas lujosas para sí mismos mientras la casa de Dios permanecía en ruinas. El desafío de hoy es el mismo: dejar de construir nuestros propios “reinos” — propiedades, comodidad, seguridad personal — y volver a poner primero el reino de Dios (Mateo 6:33), confiando en que “todas las demás cosas serán añadidas”.

“Que el Señor despierte a su iglesia. Que despierte su buena palabra en cada uno de ustedes.”

Preguntas frecuentes sobre este sermón

¿Qué significa la palabra “despertar” en Esdras 1?

En Esdras 1, “despertar” describe cómo Dios activó el espíritu de Ciro, rey de Persia, para que decretara la reconstrucción del templo de Jerusalén, cumpliendo la promesa hecha a través del profeta Jeremías (Jeremías 29:10).

¿Quién fue Ciro, rey de Persia, y por qué es importante en la Biblia?

Ciro fue un rey pagano del Imperio Persa, conocido como Ciro el Grande, que no creía en el Dios de Israel. Aun así, Dios despertó su corazón para que autorizara el regreso de los judíos a Jerusalén y la reconstrucción del templo, cumpliendo una profecía que Isaías había hecho siglos antes mencionando a Ciro por nombre (Isaías 44:26-28).

¿Por qué el pueblo de Israel estuvo 70 años cautivo en Babilonia?

El pueblo de Israel fue llevado cautivo a Babilonia por Nabucodonosor como consecuencia de haber abandonado la palabra de Dios y el culto. Permanecieron allí setenta años, tal como Jeremías había profetizado, hasta que Dios despertó el corazón de Ciro para permitirles regresar.

¿Qué enseña este sermón sobre la evangelización?

El mensaje central es que no somos nosotros quienes despertamos el corazón de las personas hacia Dios — es Dios mismo quien lo hace. Nuestra responsabilidad es simplemente ser mensajeros fieles de su palabra, sin necesidad de convencer con argumentos, confiando en que el Espíritu Santo obra en cada corazón.

¿Qué relación tiene Nehemías con el mensaje “Despertar”?

Nehemías era el copero del rey Artajerjes — la persona de mayor confianza, encargada de probar la comida del rey. Cuando Dios despertó su corazón al enterarse de que Jerusalén estaba en ruinas, pidió permiso al rey para ir a reconstruir la ciudad, recibiendo no solo autorización sino también los recursos necesarios.

¿Cuál es el lema de Centro de Fe y Esperanza para este año?

El lema es “Levantémonos y edifiquemos”, tomado de la respuesta del pueblo cuando Nehemías los animó a reconstruir la muralla de Jerusalén (Nehemías 2:18).

Escucha el episodio completo arriba, y si esta palabra resonó contigo, te invitamos a visitarnos este domingo.

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