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Cali · Colombia
Sermón ·

Porque Dios Es Bueno

Esta prédica es del archivo histórico de Centro de Fe y Esperanza, grabada el 9 de abril del año 2000. El Pastor Modesto Castañeda abre en el Salmo 136, un salmo que Israel cantaba en la congregación, con un coro que se repite después de cada verso: “porque para siempre es su misericordia.”

Amanecer visto desde lo alto de una montaña

De ahí construye todo el mensaje: Dios es bueno, su misericordia no tiene principio ni fin, y eso es cierto incluso en las temporadas donde la vida se ha sentido dura.

El Salmo 136: una letanía que no se cansa de repetir lo mismo

El pastor explica que Israel tenía cinco libros de salmos, y que los cantaban tal como estaban escritos, en forma de congregación, con un lector que decía la primera frase y el pueblo respondiendo la segunda. Así lee el Salmo 136 esa mañana, verso por verso, con la iglesia respondiendo al unísono.

“Alabad a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia.” — Salmo 136:1

El salmo recorre la creación, el éxodo, la caída de reyes poderosos, y después de cada acto de Dios repite la misma frase: para siempre es su misericordia. El pastor se detiene ahí. Esa palabra, “para siempre”, dice, no tiene principio ni fin — no fue solo con Adán, ni solo con Caín, ni solo con Noé o Abraham o Israel. Es la misma misericordia, sin vencimiento, disponible hoy.

El freno que no sentimos como misericordia mientras lo vivimos

Aquí el mensaje se vuelve más personal. El pastor habla de quienes llegaron a Cristo después de perderlo casi todo: dinero, salud, reputación, amistades. Y dice algo que suena contraintuitivo: ese quiebre no era otra cosa que la misericordia de Dios trabajando, la única forma de traer de vuelta a alguien demasiado “cerrado de entendimiento”, como dice el Salmo de David, para escuchar de otra manera.

Caballo corriendo libre en un campo verde

Usa la imagen del Salmo 32: un caballo o una mula que no se dejan guiar necesitan cabestro y freno para que el jinete pueda dirigirlos. Así éramos, dice, antes de la conversión — tercos, queriendo ir por donde nosotros decíamos, hasta que Dios tuvo que sujetar la vida entera para poder guiarla.

Aclara algo importante: eso no significa que Dios provoque el mal. Viene de una idea que muchos trajeron de una formación religiosa donde no se distinguía bien entre Dios y el diablo, donde todo —bueno y malo— se le atribuía a Dios por igual. El pastor corrige esa idea de raíz: de Dios no procede nada malo, porque Él es bueno.

“Ni yo te condeno”: la justicia de Dios y el peligro de juzgar

La segunda mitad del mensaje pasa de la misericordia a la justicia, apoyándose en el pasaje de la mujer sorprendida en adulterio, en Juan 8.

“Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” — Juan 8:11

La mujer fue arrastrada ante Jesús para ser apedreada según la ley. Jesús responde escribiendo en la tierra y diciendo que el primero en tirar la piedra sea el que esté libre de pecado — y uno por uno, del más viejo al más joven, todos se retiran. El pastor lo conecta directamente con Romanos 2:1: el que juzga a otro se condena a sí mismo, porque hace las mismas cosas.

Persona con las manos extendidas hacia el cielo

De ahí hace una aplicación directa a la vida de iglesia: cuántas veces se arma un chisme sobre una pareja, sobre la integridad de alguien, sobre cosas que solo se oyeron de oídas. Llama a esto “comida pastoral” — la costumbre de hablar de otros hermanos después del culto — y advierte que ese hábito de erigirse en jueces de la santidad ajena no tiene respaldo bíblico. No somos nosotros quienes juzgamos; hay un Dios que juzga todas las cosas.

También toca el sufrimiento de Job, citando Job 3:25 (“lo que temía me vino”), para señalar que ni siquiera el sufrimiento de un hombre justo es automáticamente un castigo — a veces es simplemente el miedo o la falta de confianza tomando forma en la vida de alguien.

¿Y quienes nunca oyeron el evangelio?

El pastor se detiene en una pregunta que suele surgir: ¿qué pasa con los antepasados, o con quienes nunca tuvieron oportunidad de escuchar la Palabra? Cita el argumento de Romanos sobre la conciencia como ley para quienes no tuvieron la ley escrita — cada persona, en cualquier cultura, sabe por su propia conciencia qué es malo y qué es bueno, y será juzgada conforme a eso.

La bondad de Dios también tiene severidad

El pastor cierra la parte doctrinal con una advertencia de equilibrio: la bondad de Dios no cancela su severidad. Se apoya en Romanos 2:6-11 — Dios pagará a cada uno conforme a sus obras, vida eterna a quienes perseveran en el bien, ira a quienes viven en rebeldía. Esa severidad, explica, no se manifestará plenamente mientras la iglesia siga en la tierra, pero llegará con los juicios que esperan al mundo después del arrebatamiento — no porque Dios sea malo, sino por la desobediencia de quienes lo rechazan.

“¿Qué hombre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” — Mateo 7:9-11

Con ese pasaje resume todo el mensaje: si un padre humano, con todos sus defectos, sabe dar buenas cosas a sus hijos, cuánto más un Dios que es enteramente bueno.

Una bondad que también prospera

Hacia el final, el pastor conecta la bondad de Dios con la prosperidad integral — salud, finanzas, crecimiento espiritual — citando la idea de que Dios quiere que a sus hijos les vaya bien “así como prospera el alma”. Usa una comparación sencilla: no le pones el termómetro a alguien que no tiene fiebre. Es decir, Dios responde a la condición real de cada persona, no reparte lo mismo a todos por fórmula.

El mensaje cierra con un testimonio personal del pastor: cada mañana, al despertar, dice reconocer cuán grande ha sido la fidelidad de Dios con él, incluso mirando atrás a los años antes de conocerlo. Y remata con la razón de fondo: porque está convencido de que Dios lo ama, y ese amor no depende de la edad de nadie ni de lo que haya hecho antes.

Preguntas frecuentes sobre este sermón

¿Qué significa “para siempre es su misericordia” en el Salmo 136?

Según la prédica, significa que la misericordia de Dios no tiene principio ni fin — no fue un acto único con Adán, Noé o Israel, sino la misma misericordia disponible en cualquier momento, sin fecha de vencimiento.

¿Por qué Dios permite el sufrimiento si Él es bueno?

El pastor explica que lo malo no viene de Dios, solo lo bueno. El sufrimiento que alguien atraviesa antes de la conversión, dice, puede ser el medio que Dios usó para traerlo de vuelta — no un castigo, sino un freno necesario para alguien que no escuchaba de otra forma.

¿Qué enseña la historia de la mujer sorprendida en adulterio en Juan 8?

Que nadie está calificado para condenar a otro, porque quien juzga comete las mismas faltas que señala. Jesús le dice a la mujer “ni yo te condeno; vete, y no peques más”, un equilibrio entre misericordia y responsabilidad personal.

¿El sufrimiento de Job fue un castigo de Dios?

Según la prédica, no. Citando Job 3:25 (“lo que temía me vino”), el pastor explica que el sufrimiento de Job tuvo que ver con su propio temor y falta de confianza, no con un castigo directo de Dios.

¿Qué pasa con las personas que nunca escucharon el evangelio?

La prédica cita el argumento de Romanos sobre la conciencia: quienes no tuvieron la ley escrita son juzgados conforme a lo que su propia conciencia les señalaba como bueno o malo.

¿Cómo se equilibran la bondad y la severidad de Dios según este mensaje?

El pastor explica que la bondad de Dios se manifiesta mientras la iglesia está en la tierra, pero su severidad —el juicio— llegará después, no por maldad de Dios sino por la rebeldía de quienes lo rechazan.

Esta es una de las prédicas de archivo del Pastor Modesto Castañeda, fundador de Centro de Fe y Esperanza. Te invitamos a conocer la iglesia que él fundó — planea tu visita — y a descubrir más prédicas de este archivo en cfecali.com.

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