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Cuando Dios Abre los Ojos

El pastor Jhonatan Castañeda continuó el domingo 12 de abril con el tercer uso bíblico de una frase que ha marcado la campaña de este año: “de las tinieblas a la luz”. Esta vez el enfoque fue muy concreto: qué pasa cuando es Dios quien abre los ojos.

El texto base fue Juan 9, la historia del hombre ciego de nacimiento. Y de ahí el mensaje se movió hacia una pregunta bastante incómoda: ¿cuánto de lo que hoy creemos ver con claridad sigue estando, en realidad, en la oscuridad?

Rayos de luz entrando en una cueva oscura

Un ciego de nacimiento y una pregunta distinta

El pastor leyó Juan 9:1-7: Jesús ve a un hombre ciego de nacimiento, hace lodo con tierra y saliva, se lo unta en los ojos y lo manda a lavarse en el estanque de Siloé. El hombre regresa viendo, y sus propios vecinos dudan de que sea él.

Antes del milagro, los discípulos hacen la pregunta que probablemente cualquiera haría: ¿quién pecó, él o sus padres? Jesús descarta las dos opciones.

“No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.” — Juan 9:3

Más adelante, en el mismo capítulo, Jesús explica el sentido profundo de lo que acaba de hacer:

“Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.” — Juan 9:39

El pastor fue claro en que ninguna de las dos mitades de esa frase habla de ceguera física. Habla de algo figurado: quienes reconocen su ignorancia pueden empezar a ver, y quienes están convencidos de que ya lo ven todo con claridad pueden estar completamente ciegos sin saberlo.

Los sentidos existen para tomar decisiones

Antes de entrar a lo espiritual, el pastor se detuvo en algo muy práctico: los cinco sentidos —vista, oído, olfato, gusto y tacto— existen para darnos información y ayudarnos a decidir. El olfato nos avisa que la comida está dañada antes de comerla. El tacto nos dice si una silla va a resistir nuestro peso. Y la vista nos permite evitar un hueco en el camino.

Primer plano de un ojo humano

Puso su propio ejemplo: tiene una miopía fuerte, heredada de familia, y sin sus gafas literalmente no podría movilizarse solo. La vista corregida es lo que le permite hacer cosas tan simples como reconocer a alguien o caminar sin tropezarse.

La aplicación es directa. Si la vista falla, las decisiones se equivocan. Y en el plano espiritual pasa exactamente lo mismo: sin una visión correcta de las cosas de Dios, tomamos decisiones equivocadas aunque estemos convencidos de que vemos bien.

En la Biblia, la ceguera es ignorancia

El pastor explicó que en el lenguaje bíblico la ceguera representa casi siempre ignorancia. Trajo el caso de Saulo en Hechos 9: un hombre que servía activamente a Dios, perseguía lo que consideraba falsa doctrina y estaba absolutamente seguro de tener la razón — hasta que una luz camino a Damasco lo dejó ciego, y unas escamas cayeron de sus ojos cuando Ananías oró por él.

Saulo no pasó de no servir a Dios a servirle. Pasó de servirle en ignorancia a servirle con los ojos abiertos, y terminó siendo el teólogo más influyente del Nuevo Testamento.

La aplicación incomoda: alguien puede estar sirviendo en la iglesia, activo y comprometido, y tener zonas enteras de ceguera que ni siquiera reconoce como tales. Hay prácticas que hacemos creyendo que están bien, y cosas que dejamos de hacer creyendo que no importan, y en ambos casos podemos estar operando desde la ignorancia.

Fariseos: conocer la Escritura sin ver la luz

De ahí el pastor pasó a Juan 5:33-40, donde Jesús confronta a los fariseos —los estudiosos más rigurosos de la Escritura en su época— con una acusación dura.

“Escudriñad las Escrituras… y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” — Juan 5:39-40

La paradoja es evidente: los que se dedicaban a estudiar el texto no entendieron al que el texto anunciaba. El pastor lo conectó con lo que llamó un “fariseísmo” que se nos mete a todos: creer que ya nos la sabemos todas, no ser enseñables, tener respuesta para cualquier consejo. Una especie de adolescencia espiritual.

Citó a Sócrates —”solo sé que nada sé”— para señalar que entre más se aprende, más se descubre cuánto falta por aprender. Y que la madurez no está en reconocer lo que uno sabe, sino en reconocer lo mucho que uno ignora, porque solo así se deja enseñar.

Cuando Dios abre los ojos sin que se lo pidamos

Aquí el pastor señaló un detalle fácil de pasar por alto en Juan 9: a diferencia de Bartimeo, que gritó pidiendo ver, este ciego nunca pidió nada. Sus padres tampoco. Jesús simplemente lo vio y actuó.

Contó cómo su hija de dos años insistió en probar una salsa picante hasta que finalmente se la dio, y ella misma terminó pidiendo agua. La idea: a veces Dios permite que ciertas puertas se cierren o que ciertas circunstancias se den, precisamente para mostrarnos algo que no estábamos dispuestos a ver de otra forma. Esos procesos rara vez son fáciles.

Y algo que insistió en aclarar: ver la luz no depende de la inteligencia. Se puede ser una persona muy capaz intelectualmente y seguir espiritualmente ciego, porque ser “iluminado” en el sentido bíblico no es un logro del intelecto, es una obra del Espíritu Santo.

Un proceso que no termina una sola vez

El pastor cerró con una advertencia importante: pasar de tinieblas a luz no es un evento único que quedó resuelto al conocer a Cristo. Es un proceso cíclico. Y el ser humano no es una sola pieza, sino compartimentos distintos: alguien puede estar en luz en su vida espiritual y en tinieblas en sus finanzas, o en su vida emocional.

Compartió con honestidad sus propias zonas de aprendizaje como padre y esposo, reconociendo que después de años de pastorado sigue aprendiendo, y que en ciertos temas prefiere decir que habla desde la ignorancia antes que dar un consejo que no venga de la Palabra.

Manos de alfarero moldeando una vasija de barro

Terminó con la imagen del barro: mientras siga siendo moldeable, el alfarero puede darle forma. Cuando se endurece y queda mal formado, hay que quebrantarlo para poder trabajarlo de nuevo. La invitación fue a permanecer con esa disposición de aprender y dejarse formar.

“El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” — Filipenses 1:6

Preguntas frecuentes sobre este sermón

¿Qué significa la ceguera en la Biblia según esta prédica?

Generalmente representa ignorancia, no una discapacidad física. El ejemplo central es Saulo en Hechos 9: servía a Dios activamente pero estaba ciego en el sentido de no reconocer a Cristo, hasta que sus ojos —literal y espiritualmente— fueron abiertos.

¿Qué pasó con el ciego de nacimiento en Juan 9?

Jesús hizo lodo con tierra y saliva, se lo untó en los ojos y lo envió a lavarse en el estanque de Siloé. El hombre recuperó la vista, y el resto del capítulo narra cómo los religiosos de la época cuestionaron el milagro en lugar de aceptarlo.

¿Por qué los fariseos, que conocían tan bien la Escritura, no reconocieron a Jesús?

Según la prédica, porque confundieron el conocimiento del texto con la relación con Cristo. Estudiaban las Escrituras pensando que ahí estaba la vida eterna, pero se negaban a acercarse a la persona de la que esas mismas Escrituras hablaban.

¿Ver la luz espiritual depende de ser inteligente?

No. Ser “iluminado” en sentido bíblico es obra del Espíritu Santo, no un logro intelectual. Se puede ser muy capaz y seguir espiritualmente ciego en ciertas áreas.

¿Por qué el ciego de Juan 9 no pidió ser sanado?

A diferencia de otros casos como el de Bartimeo, ni él ni sus padres pidieron nada. Según la prédica, esto muestra que Dios también abre los ojos por iniciativa propia, a veces a través de circunstancias que no elegimos.

¿El proceso de salir de la ceguera espiritual termina en algún momento?

No de una sola vez. Es cíclico, porque la vida tiene distintos compartimentos —finanzas, emociones, lo espiritual— donde una persona puede seguir ciega incluso después de conocer a Cristo.

Si sientes que hay áreas de tu vida donde todavía te falta ver con claridad, este es un buen momento para pedirle a Dios que abra tus ojos. Te invitamos a conocernos — planea tu visita — y a explorar más enseñanzas de esta serie en cfecali.com.

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